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Artículo de Malta en El País

Escrito por Isma el 12 de mayo de 2009
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Hola chic@s. Hace unos días se publicó en El País un interesante artículo sobre Malta que os invitamos a leer. Especialmente recomendado para aquellos interesados en la historia y cultura del lugar. ¡Esperamos que os guste!

MALTA, EPICENTRO DEL MEDITERRÁNEO

Estratégica y codiciada por todos los imperios europeos desde la antigüedad, este coqueto archipiélago sirve hoy al viajero un sugerente cóctel que mezcla historia, cultura y deportes acuáticos en el centro justo del Mediterráneo.

JORDI PASTOR – 08/05/2009

ventana-azul

La inconfundible y amarillenta caliza de las fortificaciones, iglesias y palacios de Malta ha sido testigo del devenir europeo desde hace tantos siglos, que caminar por las callejuelas de la Valletta, subir hasta lo alto de Mdina o recorrer a pie el amurallado acceso a la ciudad de Vittoriosa, se convierten en auténticas lecciones de historia sobre el mismo suelo que pisaron los propios protagonistas de acontecimientos hoy casi legendarios.

Este pequeño archipiélago de codiciada situación, tanto para conquistadores de la antigüedad como para los cruceros que surcan hoy el Mediterráneo, ofrece, no obstante, algo más que un turbulento pasado histórico. Desde didácticas estancias para el estudio de idiomas, hasta multitud de actividades con el mar como protagonista, los acantilados más fantásticos y pueblos interiores donde desconectarse del mundo es casi automático.

Mezclando pasado y futuro de unas islas privilegiadas también en lo gastronómico, EL VIAJERO propone un recorrido por Malta y la vecina isla de Gozo, con mucha intención: evitar la intensa densidad turística que inunda la isla durante la temporada alta de los grandes cruceros mediterráneos, para paladear sus atractivos al máximo. Con unos pocos días y un vehículo propio -alquileres asequibles, circulación no tanto- es algo tan sencillo como gratificante.

Manhattan en pleno Mediterráneo

Viajamos a 1565. Los Caballeros de la Orden de San Juan consiguen repeler el Gran Sitio del imperio otomano desde la fortificada ciudad de Vittoriosa. Con la firme convicción de que los turcos volverán a intentarlo, el Gran Maestre de la Orden, Jean Parisot de la Valette, busca con urgencia un mejor baluarte donde defender la isla de próximos ataques.

La solución fue la cercana y pequeña península de Valletta, fácilmente fortificable y lo suficiente grande para acoger a la población. Enclave defensivo ideal en aquel turbulento siglo XVI, es hoy la capital de Malta. Pocas ciudades concentran tanta historia en tan poco espacio, apenas un kilómetro de largo por medio de ancho, cuyo interior, un cuadriculado enrejado de calles, la han convertido en la Manhattan del Mediterráneo.

En Valletta es interesante visitar los legendarios albergues donde residían los Caballeros de la Orden; comprobar el contraste entre el austero y militar exterior de la Cocatedral de San Juan y su recargado decorado interior; entrar en el Palacio del Gran Maestre, hoy sede del Parlamento, o visitar la Casa Rocca Piccola, herencia directa del siglo XVI, donde ver cómo fue Valletta en sus orígenes: una pequeña lengua de tierra perfectamente amurallada con una yerma explanada en su interior.

Pero sobre todo, hay que recorrer sus callejuelas al atardecer, aislados del bullicio local y evitando la hora punta turística. Cuando el silencio se extiende por sus calles a la caída del sol y sus aceras se vacían de almas. Entonces, se respira el auténtico peso histórico de esta ciudad emblemática, esa atmósfera con olor a leyenda que desprenden las fachadas de añeja caliza y las balconadas curtidas por el paso de los siglos y los acontecimientos.

Un último consejo. Justo antes de que cierren, hay que asomarse a los Jardines de Barraca, creados en el siglo XVII para el relax de los caballeros, y lanzar la vista al otro lado del Gran Harbour, cuando las últimas luces mediterráneas incendian las Tres Ciudades de Malta. Uno de los mejores tesoros que esconde esta isla se estampará en la retina para siempre…

Mdina y Rabat

Adentrarse hacia el interior de la isla permite remontarse aún más en el pasado de Malta. Mdina nace como asentamiento en la edad del bronce, vio pasar a cartagineses y romanos -quienes la bautizaron como Melita- y pasó a dominio árabe posteriormente, durante el que fue fortificada y rebautizada con su actual denominación. De esta época todavía se conserva un arco ojival original (St. Peter Street). Desde lo alto de su muralla se domina la isla, con una amplia panorámica y el Mediterráneo de fondo.

Al cruzar la Puerta de Mdina y entrar en el recinto amurallado, descubriremos por qué es conocida como la Ciudad del silencio. El mutismo de sus plazas cuando los turistas no abarrotan sus pequeñas dimensiones es sobrecogedor, y permite disfrutar al máximo de los hipnóticos juegos de luces y sombras que el sol dibuja en sus fachadas ocres al colarse, desde lo alto, en sus estrechos callejones.

Esta inmersión en la historia de la isla nos lleva al Palazzo Falson, el segundo edificio más antiguo que se conserva en la ciudad y que el aire medieval y estilo siciliano que la nobleza italiana, española y maltesa plasmó en la construcción de dichos palacetes desde el siglo XIII. El silencio se garantiza también dentro de esta casa-museo: los menores de cinco años no pueden acceder, y hasta los doce años deben ir acompañados de un adulto.

Extramuros, se encuentra la localidad de Rabat, estrechamente ligada a la profunda devoción católica de Malta (la isla presume de 365 iglesias edificadas, una para cada día del año), ya que acoge la Gruta de San Pablo. Usada como cárcel en la época romana, San Pablo vivió en ella tras su naufragio, y sobre ella se levantó la primera gran iglesia de la isla, dedicada también al santo. La cueva también da acceso a las catacumbas romanas, que se extienden bajo el suelo de Rabat. Un laberinto de corredores y cámaras de varios kilómetros de extensión.

Noche en la Cottonera

¿Se imaginan un ejército de 40.000 soldados turcos sedientos de victoria dirigiéndose hacia donde uno se encuentra? Probablemente es la sensación que experimentaron los Caballeros de San Juan en las horas previas al Gran Sitio de 1565.

Aquel punto era la ciudad de Birgu, coronada en su punta por el Fuerte St. Angelo, y en la que los malteses resistieron el asedio otomano. Rebautizada como la Ciudad Vittoriosa, es una de denominadas Tres Ciudades de Malta, junto a Cospicua y Senglea, y primer asentamiento de la Orden en la isla.

Pero esta vez el recorrido por la Cottonera, tal y como se conoce a las tres ciudades, se aleja de tan turbulentos años, y propone disfrutar, con la alevosía que uno quiera, de la actual y animada nocturnidad maltesa. Además de increíbles vistas, esta zona ofrece multitud de bares y restaurantes donde disfrutar de la gastronomía local, de fuerte influencia italiana. Esta vez, las sugerencias pasan por la enoteca Del Borgo, donde podremos maridar la cocina maltesa con sus mejores caldos, así como el restaurante Riviera della Marina, especializado en pescados.

La ventana de Malta

El ritmo de vida cambia en Malta en apenas 15 minutos, los que emplea el ferry de línea en conectar con la vecina isla Gozo. Segunda en importancia del archipiélago, este islote es, en comparación con aquella, un remanso de paz fruto de una filosofía más calmada de la vida, y donde los malteses realizan turismo interior (incluidas segundas residencias). Aislarse del mundo en alguno de sus pueblos es, literalmente, automático.

El batir del Mediterráneo ha cincelado la costa oeste de este islote uno de los grandes tesoros naturales de Malta, y gran reclamo turístico, la Ventana azul, un espectacular arco de roca de unos 20 metros de altura. Imponente y fotogénico, es la joya de un litoral repleto de cuevas y pasadizos esculpidos por el mar sobre los acantilados, que se puede recorrer en pequeñas embarcaciones de pescadores. Eso sí, la enorme afluencia turística obliga a ser selectivos: hay que retrasar la visita a última hora del día, cuando se evita el gentío y el atardecer ofrece las mejores luces de la jornada.

Victoria, la principal ciudad de Gozo, visible desde toda la isla, es un excelente destino para hacer tiempo hasta el ocaso. En especial, su visible Ciudadela, fortificación levantada por los Caballeros de San Juan en el siglo XIV, como medida defensiva contras piratas y sarracenos. De hecho, durante casi un siglo se obligó a la población a dormir dentro del recinto por seguridad. Fuera de las murallas, merece la pena bucear en el curioso mercadillo de It-Tokk, la principal plaza de la ciudad, y aventurarse sin prisa por las plazas y callejuelas aledañas.

Gozo reúne más puntos de interés, como la mitológica Cueva de Calypso, ninfa que según la Odisea de Homero retuvo en ella durante varios años al héroe Ulises; los templos de Ggantija, erigidos en el Neolítico, y los más antiguos del mundo que se mantienen en pie sin sujeción artificial, o las estéticas salinas de Qbajjar, camino de Ramla bay, la playa de arena más grande de Gozo, y un buen punto donde degustar el plato típico maltés: stuffat tal-fenet , un guiso de conejo al borde del mar.

Paraíso del buceo

Entre Malta y Gozo, el islote de Comino, no habitado salvo en verano -un Hotel es su única edificación- es un imán para los amantes del mar, por encima y por debajo del agua. Son frecuentes las regatas deportivas para barcos de quilla o las carreras de yates, así como infinidad de veleros que por cuenta propia y de forma más relajada recorren su espectacular Laguna Azul. Esta pequeña bahía de cristalinas y azules aguas, es un paraíso tanto para los amantes del buceo, como para los de la mera contemplación de superficie. Infinidad de espectaculares arcos y puentes de roca se desperdigan por esta área de la costa oeste de Comino, visible desde el ferry que conecta Malta y Gozo.

Si sumergirse en tan atractivos bancos no fuera suficiente, prueben a escalar por los verticales acantilados que recortan las costas de Malta, Comino y Gozo, mientras el Mediterráneo bate justo debajo, perfilando constantemente la espectacular orografía del rocoso litoral maltés. No se arrepentirán…

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